Soldado de la CyberResistencia: una entrevista con Paul Virilio 
David Dufresne 

Paul Virilio: urbanista y autoridad en tema de "la velocidad". De sonrisa tan amplia como la seriedad de sus comentarios. "Quien bien ama, bien castiga" repite con gusto. "Cuando algo te gusta, esperas que progrese". Quienes disfrutan de la tecnología sólo pueden resistirse contra todo lo que sea regresivo, orientado al centro, egoísta o insuficiente. "Las limitaciones de la tecnología deben ser expuestas", dice -de alguna manera muy molesto por la excitación que rodea a la superautopista de la información. Como usuario ocasional de Internet ("prefiero mantener mi distancia y participar por los lados: los encuentros frontales no te dejan escapar"), Paul Virilio ha publicado El cybermundo, la política de lo peor un libro en forma de entrevista acerca de los miedos y profundos e inherentes peligros de las nuevas tecnologías. Tan lúcido como alarmista. 

-En El cybermundo, la política de lo peor, usted habla de la "propaganda" que rodea Internet, yendo tan lejos como para comparar el medio con la "ocupación" y su trabajo con el de un "Soldado de la Resistencia". ¿No es eso una exageración? 

Cuando la ciencia de los ordenadores apareció en 1947-1948, sus creadores dijeron que sería la mejor de las cosas, pero que también podría ser la peor. Salíamos de un período totalitario, y la ciencia de los ordenadores en sí misma, a través del nacimiento del ordenador, sirvió en la lucha contra el totalitarismo. Pero los científicos de la computación de ese tiempo nos advirtieron que este nuevo poder no debería convertirse en un poder "cibernético", un nuevo y peor totalitarismo. Yo solo estoy forjando un vínculo con dicha tradición. 

Si me he convertido en Cassandra, es porque la publicidad se hizo muy fuerte con la introducción de Windows 95, yo solo podía llorar con tal delirio de publicidad. Serge Daney solía decir, "Durante la Ocupación no se hablaba de resistencia: el medio mismo estaba ocupado, era la Ocupación". Si el medio es la Ocupación, los multimedios serán algo mucho peor. Justo como ellos suponen prometer: el ciudadano del mundo será formado por información global. Es obvio. Pero no hemos llegado a ese punto aún, primero debemos luchar contra negatividad de las nuevas tecnologías. 

-Porque para usted no hay ganancia sin pérdida, no hay invención sin accidente... 

Inventar algo es inventar un accidente. Inventar el barco es crear el hundimiento; el transbordador espacial, la explosión. El inventar la autopista de la información o el Internet crea un mayor riesgo que no se señala fácilmente porque no produce mortalidad como el hundimiento de un barco o una explosión en el cielo. El accidente de la información es, tristemente, no muy visible. Es inmaterial como las ondas que llevan la información. 

-¿Y aun se considera a sí mismo un "adepto de las nuevas tecnologías"? 

Yo soy critico del arte de las tecnologías, un fanático preocupado de lo propagandístico y la súbita naturaleza de las nuevas tecnologías. Cuando las máquinas empiezan a convertirse en ídolos, la catástrofe social no esta muy lejos. 

-¿Se debe la "naturaleza propagandística" de la nueva tecnología únicamente a los poderes económicos? 

Si las grandes empresas como Time Warner, Microsoft, Disney, etc., están en el proceso de hacerse gigantes es porque deben ser competitivas en el nivel global. No todas las multinacionales aspiraban lograr un status global. Pero, hoy, una corporación multinacional se ve forzada a hacerse global. De ello se sigue un considerable incremento en la inversión publicitaria y un inevitable efecto de propaganda. El segundo punto de esta propaganda: el origen de tecnologías tales como el Internet, que derivan de la lógica de la disuasión. Específicamente, desde el Pentágono, Arpanet, la red pensada para resistir los efectos electromagnéticos de una guerra nuclear. Uno no puede comprender el desarrollo de la tecnología de la información sin entender la evolución de la estrategia militar. Desde que la bomba atómica no es más un disuasor, escapada al control exclusivo de los superpoderes políticos, ha comenzado la guerra informática, que es una guerra por el poder absoluto. No se puede confiar en esta mezcla: a un lado la inversión en publicidad; al otro el silencio debido por el control de la información de los poderes militares. 

-Pero si se da al usuario del Internet la posibilidad de ser tanto receptor como emisor potencial, es difícil de entender de qué modo puede ser controlada la información. 

Eso es cierto, aunque ud. no puede concentrarse solo en el Internet y olvidarse del resto de la superautopista de la información y de todo el sistema. El término "Linked" se aplica a un sistema en el que el Internet es sólo una parte. El debate desarrollado en el célebre simposio Acto de Decencia analizó el futuro del control del medio. Existe de hecho un Departamento de Información Global: la Agencia Nacional de la Seguridad (NSA, la agencia americana de inteligencia, que intercepta casi todas las ondas de radio del mundo). El Internet y la NSA están vinculadas de una u otra forma. ¿Qué tan lejos irá esta complicidad? ¿Será el Internet el soldado de la resistencia a la ocupación de la NSA? No se puede enfocar el Internet y olvidarse de lo que lo rodea. Lo que caracteriza a lo cibernético es que es sistemático. Todo esta conectado, vinculado a un sistema de poder global, en las manos del Pentágono, tal vez mañana en las manos de Europa... 

-¿Significa eso que los canales de difusión han sido abiertos para ser controlarlos mas adelante? 

El Internet es un truco publicitario diseñado para legitimar el futuro de la superautopista de la información. Es de hecho publicidad sobre la pérdida de liderazgo, algo muy atractivo también, y que tiene como propósito arrinconar a aquellos que tengan reservas con respecto a hacer de la información algo global. La meta de la red es atrapar todo. 

-En su libro, ud. dice que el Internet no tiene nada que ver con democracia, y que "el asunto de la velocidad absoluta es también el del poder absoluto" 

Yo no creo del todo en lo que llamo democracia automática, creo en la reflexión, pero no en el reflejo. Las nuevas tecnologías son tecnologías condicionantes y son temibles en su parecido con el Audimat (medidor de audiencia francés) y la votación. La tan mencionada democracia electrónica será el fin de la democracia participatoria. Aunque la democracia directa será viable para sociedades microscópicas como la suiza o como las agrupaciones universitarias, no es válida para una democracia global. 

-Ud. también habla de una "regresión" garantizada, ahora que el hombre ha alcanzado el límite de la velocidad, el tiempo real... 

Cada vez que se llega a un muro, hay una retirada. Y la historia a chocado justo con la pared del tiempo mundial. Con la transmisión en vivo, el tiempo local no crea mas historia, El tiempo global sí lo hace. En otras palabras, el tiempo real conquista el espacio real, espacio-tiempo. Nosotros debemos reflejarnos en esta situación paradójica que nos ubica en una especie de fuera-de-tiempo, enfrentándonos con este accidente del tiempo, un accidente sin igual. 

-¿Cómo puede aparecer esta regresión? 

La aplicación de la globalidad trae consigo la autonomización de grupos limitados. En otras palabras, de sectas que comparten el poder. Hay una sectorización del Internet y una sectarización, una parte integrista del hacerse global. La Nación-Estado esta suplantada por pequeños agrupamientos. Hay una deconstrucción de la nación-estado que no significa una progresión mas allá pero si una regresión a las tribus, a esos especiales grupos de interés que precedieron a la nación-estado... Y será solo luchando contra el impacto negativo del progreso que la resistencia será inventada; como hicieron los ingenieros de la red de trenes en 1880 cuando llegaron a prevenir el descarrilamiento inventando el sistema de bloque para regular el trafico. Es nuestro turno de inventar sistemas de bloque contra la información global. Antes de haya muchos accidentes 

-Para ud. como urbanista, las nuevas tecnologías esconden uno de las libertades básicas del hombre, la libertad de movimiento... 

Las teletecnologías de la información distante reducen el movimiento. Cuando el desplazamiento no es necesario, el desarrollo de la inercia, del cocooning, es temible. El capaz sobreequipado se convierte en el incapaz equipado. Hay una amenaza de parálisis e inestabilidad. Pero también hay una amenaza psicológica para las futuras generaciones de interactividad implementada que pueden ver el mundo reducido a nada. Generaciones que pueden experimentar un sentimiento de "gran encierro", de un planeta muy pequeño para la velocidad del transporte y las transmisiones, un sentimiento de encarcelamiento. Esto es una temible polución distante para el colectivo imaginario del mañana. Nosotros ahora sentimos esta contracción del mundo con los aviones supersónicos o las teleconferencias... 

-De ahí su idea de la "hyperciudad", de una ciudad mundo, de un tiempo real que es urbanizado a la vez que el espacio real es de-urbanizado. 

Esta ciudad virtual es la ciudad de las ciudades. Es cada ciudad importante (Singapur, Rotterdam, París, Milán, etc.) convirtiéndose en el barrio de una hyperciudad, mientras que ciudades ordinarias se convierten en cierto sentido en suburbios. Esta metropolización de las ciudades nos lleva a concebir un hypercentro, una ciudad en tiempo real, y miles de ciudades abandonadas a sus propios medios. Si estoy en lo correcto, esto nos llevara a la pobreza absoluta, no de los continentes pero sí de múltiples ciudades en todas las regiones del mundo. 

-A pesar de todas estas observaciones, ¿encuentra ud. todavía algún interés en la sociedad de la información? 

Sí. Finalmente plantea la pregunta de un lenguaje común. No podría ser de otra manera si va a existir una ciudadanía mundial. Es una Babel aún mayor. Lo que estamos presenciando no es la Torre de Babel sino el propio retorno de Babel. ¿Podría tener el mundo un solo lenguaje? ¿Sería esta unicidad de comunicación buena o mala? Otro punto positivo: la información nos haría earhtlings, terrícolas -en el sentido de que hay una identificación natural entre el hombre y la tierra y que la pregunta de la ciudadanía mundial apunta al ser de la tierra, donde la ecología no será ya simplemente una ecología de la naturaleza, sino una ecología social, planetaria, para la que las especies humanas estarán unidas alrededor del mundo. Pero todo esto es también temible: de alguna manera aquí se esconden claves que el totalitarismo nunca siquiera se atrevió a esperar. 

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[ Traducción: Alejandro Duque ]