Una exposición online curateada en 1999 por José Luis Brea para Ciber@rt (Valencia) y Vid@rte (Mexico)


Last (no) exit: net.
José Luis Brea

"Last exit: painting"
Thomas Lawson, 1981.

"No exit"
Joseph Kosuth, 1988.

En su presentación de "Algunos de mis websites favoritos son arte", Rachel Greene y Alex Galloway describían 1998 como "el año en que estalló el net.art". La atención prestada por la institución-Arte (algunos museos, algunas grandes exposiciones internacionales) y el desarrollo de varios dispositivos críticos autónomos (e-shows, listas de debate, foros públicos de análisis) aparentemente capacitados para la presentación y discusión pública de las prácticas artísticas desarrolladas en y para la red, justificaba plenamente esa descripción.

Si ello consolida lo que Derrida habría llamado el "parergon" del net.art, el conjunto de dispositivos que posibilitan su enmarcado social, creo que fue Andreas Broeckmann quien mejor acertó a definir la naturaleza específica de la nueva práctica ­en términos de "presencia y participación". Independientemente de que el net.art acertara a elucidar analíticamente las reglas formales de su propio idioma ­algo en lo que quizás los primeros autodesignados "artesanos electrónicos" habían trabajado intensamente­ las bases para proceder al reconocimiento público de la nueva práctica estaban puestas.

Por mi parte, estoy convencido de que una "forma artística" no nace por la mera emergencia de una novedad técnica, y ni siquiera por el descubrimiento añadido de un vocabulario formal asociado a ella; sino sólo cuando a una práctica de producción simbólica le es dado el ejercicio de la autocrítica inmanente. En mi opinión, eso es justamente lo que ha empezado a aparecer en el campo del net.art y lo que, creo, puede ahora empezar a permitirnos hablar de él como genuina forma artística. El hecho de que, en efecto, se trata ahora de una práctica que no sólo ha desarrollado su propio lenguaje y sus propios dispositivos de inscripción social, sino que también ha comenzado a autocuestionarse críticamente: a explorar, demarcar y transgredir sus propios límites lingüísticos y formales, su propia especificidad "disciplinar", incluso su propia forma de socialización efectiva.

En los últimos meses han sido varios los debates que han sacudido a la comunidad net.artística, dos de ellos especialmente relevantes al respecto. El primero se ha referido a la cuestión del activismo en la red, el segundo a la comercialización del net.art. Por supuesto, entre ambos se han producido reenvíos mutuos ­por ejemplo, al inicio de un proceso de comercialización del net.art se ha dado, de manera específica, una respuesta "hacktivista", o "artivista", si se prefiere. Al mismo tiempo, creo que es inevitable contextuar ambos debates en el proceso más general de transformación global de la red internet, lo que podría describirse como su fulgurante mutación a la "forma generalizada de la mercancía". Ese proceso global ha inducido sin duda una fuerza centrípeta enorme que inevitablemente ha pesado en las propias transformaciones del incipiente net.art, forzado ahora a soportar la tensión creciente de su absorción tanto por la institución-arte como por el mercado. Si pensamos en la violenta transformación que ha llevado a reconfigurar la red desde su condición inicial de "Zona Temporalmente Autónoma", ­archipiélago diseminado de iniciativas independientes y celulares, conectadas entre sí únicamente a través de una estructura rizomática sin centros definidos ni jerarquías estables­ a su brutal reconversión actual en territorio de inversiones millonarias de las grandes corporaciones multinacionales de telecomunicación e información, entenderemos que esa presión es no sólo inevitable, sino también de una envergadura poco menos que irresistible.

El primero de los debates ­sobre el activismo en la red­ ha dejado bien claro que cualquier negociación con el espectáculo y las formaciones de la falsa conciencia que él ampara es, para los intereses de intervención política definidos desde la óptica de la desobediencia civil y la resistencia pacífica, contraproducente. La fantasía abstracta de una amenaza genérica contra "el sistema" constituida por el hacker ­el activista informático que pone en peligro y cuestión la propiedad de la información y los sistemas de seguridad que la protegen­ revierte en su propio beneficio transfigurada, de un lado, en argumento para aumentar los dispositivos de control; del otro, todo su potencial de incidencia sobre la opinión pública depende de la repercusión mediática y por tanto alimenta su interesada construcción de lo real como espectáculo. No es pues de extrañar que los propios primeros impulsores de tácticas de resistencia electrónica ­el Critical Art Ensemble, principalmente­ hayan llamado más tarde la atención sobre cómo la absorción medial de las políticas de activismo simulatorio (orientadas a instrumentar el efecto mediático de la acción subversiva) desarbola su potencial táctico. Como consecuencia, su toma de partido se redirige en exclusiva a la acción clandestina y directa, que ni alimenta la fantasmagoría medial de una subversión vacía de contenidos reales ni legitima la adopción "contrasubversiva" de medidas de control y seguridad que repercuten limitando las condiciones de libertad en el empleo de la red de que disfruta la totalidad de la ciudadanía.

El segundo de los debates apenas ha hecho mucho más que comenzar, y por desgracia no ha alcanzado hasta ahora el rigor analítico d el primero ­me refiero al debate sobre la comercialización del net.art. Si en el primero la elucidación crítica de la fantasía del hacker como activista radical ha sido impulsada desde dentro, por sus propios protagonistas (principalmente el CAE y el Teatro de la Resistencia Electrónica) en un juego de ejemplar desmantelamiento autocrítico, aquí la fantasía interesada del net.artista como personaje por completo ajeno a los mecanismos de producción social posibilita el tendido de una neblina de falsa conciencia que desdibuja los argumentos reales de la discusión e impide una reconceptualización crítica de las prácticas de producción simbólica en la red, contextuada en el conjunto de los procesos reales de producción social. Los encendidos debates que han rodeado la presentación pública de hell.com como site de acceso reservado y de art.teleportacia como galería virtual dedicada a la venta de obras de net.art, y la acción de sabotaje promovida en contra de ambos eventos por el grupo 0100101110101101.ORG, han contribuido bien poco por ahora, me parece, a esclarecer críticamente las condiciones reales de producción social de las prácticas artísticas en la red, reinscribiéndolas ­en términos de trabajo, de producción simbólica si se quiere­ en el seno del tejido económico-productivo que articula la efectividad de las relaciones sociales.

Es bajo ese punto de vista que me parece singularmente interesante el más reciente proyecto de Knowbotic Research ­I0_il lavoro inmateriale­, que a mi modo de ver interviene analíticamente proveyendo los instrumentos conceptuales y teóricos necesarios para abordar el momento de la autocrítica inmanente de este conjunto de prácticas contemporáneas de producción de sentido. El señalamiento de un objetivo prioritario para la acción crítica ­la producción de esfera pública en el contexto de las sociedades postmediales, entendiendo por tales aquéllas en que la circulación de la información no está exhaustivamente articulada conforme a procesos de concentración de los aparatos distribuidores del conocimiento y la opinión, y por tanto no orientada a la producción de consenso­ y al mismo tiempo el de un objeto propio ­el "trabajo inmaterial", las prácticas de producción simbólica entendidas y elucidades como prácticas reales de comunicación pública en un contexto social e histórico concreto­ creemos que sienta las bases necesarias para que ese proceso de autocrítica inmanente se inicie de hecho.

Podemos entonces confiar en que el momento actual para el net.art es crucial. En primer lugar, ese posicionamiento permite su inscripción crítica en el conjunto de la actividad social, por un lado, y a la vez y por otro en el seno de la tradición del arte contemporáneo ­que no es otra que la tradición de la vanguardia, la tradición de la autocrítica inmanente­ desvaneciéndose finalmente como fantasía de "last exit" para recuperarse críticamente como ­"last (no) exit"­ campo sometido a tensión autocrítica, destinado a escribirse en los términos de una lógica del límite, habitando un dominio liminar sobre el que mantener el doble vínculo de una relación al mismo tiempo de pertenencia y rebasamiento, de inclusión y desbordamiento.

Si para una consideración sincrónica esa lógica delimita una contradicción estructural que obliga a las prácticas a oscilar entre su autoafirmación como forma de arte (y como forma mercancía, por extensión) y la negación implícita de tal condición en tanto que institucionalizada y fetichizada, en la diacronía de una consideración histórica esa relación paradojal se resuelve por la eficacia de una economía secuencial de "expansión del campo" ­uno de cuyos rostros está puesto por la acumulación del hallazgo que desborda lo ya conocido y rompe la normación vigente, y el otro por el proceso de "recuperación" de esa anomalía para formar parte de la nueva norma, de la nueva convención lingüística y estética: a convertirse de línea de fuga y deriva en línea de código. Que el net.art forma ya parte de esta historia y ocurre según esta lógica cultural ­una cierta dialéctica negativa, si se quiere, revisada a la luz de los análisis de las contradicciones culturales del capitalismo avanzado- es el primer hecho que me parece obligado constatar.

En segundo lugar, y terminaré con ello mi análisis, pienso que el más alto potencial del net.art reside justamente en su capacidad de interacción crítica con el actual campo expandido del conjunto de las prácticas artísticas y culturales, nunca en el encierro disciplinar en los límites de su propia definición autónoma. Si analizamos cuáles son los grandes desafíos, las grandes constelaciones problemáticas que perfilan el interrogante de nuestro tiempo sobre las prácticas artísticas y la transformación de su sentido en las sociedades actuales, veremos que el net.art tiene, al menos potencialmente, mucho que decir, mucho que aportar al respecto.

Muy a vuelapluma, diría que esos grandes desafíos tienen que ver con dos grandes cuestiones. La primera, la aparición reciente (y su consolidación ya cumplida en las industrias del imaginario colectivo, cine y tv principalmente) de una imagen-movimiento, con todo lo que ello conlleva en términos de redefinición global de las lógicas de la representación (redefinición de su alcance cognitivo e incluso ontológico, en tanto esas lógicas se estructuraban a partir del presupuesto arcano de la estaticidad de la imagen, de la representación, de la inmovilidad de su identidad a sí, no sometida al acontecer del tiempo). Como quiera que la imagen ha presentado durante siglos un corte único y estático del tiempo, esta irrupción de una imagen-tiempo supone una novedad histórica fundamental de cara al reordenamiento del propio espacio de la representación contemporáneo ­y los análisis de Deleuze al respecto pueden considerarse fundamentales.

La segunda de esas grandes cuestiones a que aludo tiene que ver con la aparición y proliferación creciente de dispositivos no espacializados (como sí lo son el museo o la galería) de exposición y presentación pública de las producciones artísticas, haciendo cada vez más acertado el anuncio benjaminiano de una transformación radical de modo y el sentido de la experiencia de lo estético en la era de la reproductibilidad ­ahora ya telemática. Una nueva forma de experiencia que nunca más podrá considerarse reservada a la exposición espacializada y condicionada objetualmente de la obra como "única" y vinculada a un origen ­a un "original" también, por tanto- espaciotemporalmente delimitado.

Seguramente, los desarrollos más interesantes de las nuevas prácticas artísticas ­por citar un par de ejemplos: la aparición de una nueva narración en el campo postfotográfico, o la transgresión de la convención cinematográfica en la emergencia del nuevo cine de exposición- tienen que ver con este tipo de cuestiones.

Sin duda, el net.art posee cualidades sobradas para aportar hallazgos propios frente a ellas. En relación al desarrollo de nuevas formas de narración, por ejemplo, no puede olvidarse que el hipertexto se aparece como un dispositivo capaz de trastornar en profundidad las estructuras narrativas convencionales. En cuanto a la emergencia de una imagen-movimiento, es evidente que la red se revela un territorio de desembocadura idóneo para todas las prácticas de producción de imagen técnica, en cuya órbita tanto la postfotografía como el post-cinema pueden encontrar un hábitat idóneo. Finalmente, y por lo que se refiere al desarrollo de nuevas formas de distribución, presentación y exposición del conocimiento artístico, el trabajo en la red tiene indudablemente mucho que decir, tanto más cuanto que es el primer hallazgo técnico ­cuando menos desde la aparición de la tv­ que no sólo ofrece un "soporte" novedoso para la producción, sino que a la vez constituye ­y en ello reside su especificidad seguramente más atractiva­ un instrumento eficaz para su distribución, un "medio" autónomo que en sí mismo se anuncia capaz de articular sus propias estrategias de presentación, distribución y recepción, con un enorme potencial de reorganizar las audiencias, e incluso la propia estructuración de "lo público", en última instancia.

Queda saber si esas potencialidades se efectuarán plenamente, si esas respuestas serán dadas y esos hallazgos cumplidos. Las "piezas" que propongo en esta selección ­de formato e intenciones muy diferentes en casi todos los casos­ evidencian que los primeros pasos están dados, tanto para el inicio del proceso de autocrítica inmanente como en cuanto a la elucidación de su relación con la tradición crítica de las prácticas artísticas, y en relación también a los que he designado como "grandes desafíos" de tales prácticas de comunicación visual frente a las transformaciones globales de la imagen en nuestro tiempo, en nuestra época. Saber si después y más allá de estos primeros pero ya firmes pasos ­teniendo en cuenta además la imparable transformación en curso de la propia red internet, y el salto cualitativo que los aumentos de banda por venir en breve van a representar­ vendrán otros y más definitivos hallazgos sería en realidad hacer futurología, y a nosotros sólo nos cumple delimitar territorios y señalar problemas, y acaso intuir en qué sentido ciertas prácticas están mejor llamadas que otras a proponerles respuestas. Mi convicción personal es que, y obviando la fantasía ingenua de alguna solución definitiva, en este momento de la historia de las prácticas artísticas esa que hemos convenido en llamar net.art está llamada a aportar mucho. El tiempo dirá si lo logra ­y a los creadores y productores culturales les corresponderá en todo caso el mérito de hacerlo efectivo.

Piezas de net.art seleccionadas :

Natural Selection
Mongrel
http://www.mongrel.org.uk

Freud-Lissitzky Navigator
Lev Manovich & Norman Klein
http://www-apparitions.ucsd.edu/~manovich/FLN/

Will & Testament
Olia Lialina
http://will.teleportacia.org/

ascii history of moving images
Vuk Cosic
http://www.vuk.org/ascii/film/

A World Wide Watch - Closed Circuit Television (CCTV)
Heath Bunting
http://www.irational.org/cgi-bin/cctv/cctv.cgi?action=main_page

Critical Art Ensemble
http://mailer.fsu.edu/~sbarnes/

Genetic Response System: An Investigation
Diane Ludin - Ricardo Dominguez - Fakeshop
http://www2.sva.edu/~dianel/genrep/intro.html

non site (Lsa 43)
La Soci�t� Anonyme
http://aleph-arts.org/lsa/lsa43/

�1995-1999 HELL.COM
hell.com
http://www.hell.com/

ANTI�1999 0100101110101101.ORG
0100101110101101.ORG
http://WWW.0100101110101101.ORG/hell.com

PHONE:E:ME
Mark Amerika
http://phoneme.walkerart.org/

IO_lavoro inmateriale
Knowbotic Research
http://io.khm.de/lavoro/