Redefinición de las prácticas artísticas, s.21 (LSA47)
La Société Anonyme

  1. No somos artistas, tampoco por supuesto crticos. Somos productores, gente que produce. Tampoco somos autores, pensamos que cualquier idea de autora ha quedado desbordada por la lgica de circulacin de las ideas en las sociedades contemporneas. Incluso cuando nos auto-describimos como productores sentimos la necesidad de hacer una puntualizacin: somos productores, s, pero tambin productos.

Nuestro propio trabajo, la actividad que lo concreta, es en realidad el que nos produce. Quizs incluso podramos decir que nuestro trabajo tiene que ver bsicamente con la produccin de gente, gente como nosotros. No preexistimos (nadie preexiste) en punto alguno a esa produccin. La cuestin de la identidad del autor o su condicin es una cuestin definitivamente trasnochada. Nadie es autor: todo productor es una sociedad annima -incluso diramos: el producto de una sociedad annima.

  1. La figura del artista vive en tiempo prestado. Nutrida por fantasas e imaginarios pertenecientes a otros ordenamientos antropolgicos, el conjunto de distanciamientos e inclusiones que prefiguran su lugar social, asignndole una cierta cuota restante de poder totmico, ya no hace al caso. Quienquiera se site hoy por hoy bajo advocaciones semejantes cae de lleno o en la ingenuidad ms culpable o en el cinismo ms hipcrita.
  1. No existen obras de arte. Existen un trabajo y unas prcticas que podemos denominar artsticas. Tienen que ver con la produccin significante, afectiva y cultural, y juegan papeles especficos en relacin a los sujetos de experiencia. Pero no tienen que ver con la produccin de objetos particulares, sino nicamente con la impulsin pblica de ciertos efectos circulatorios: efectos de significado, efectos simblicos, efectos intensivos, afectivos
  1. Por ms de una razn deberamos asemejar el trabajo del arte al del sueo: es una produccin que induce formaciones de superficie que expresan, que traducen aproximadamente, un estado descompensado de energas. Lo esencial en ellas es no es la forma o apariencia que adquieren en un instante dado: sino el campo de intensidades -o sea, el diferencial de potenciales- en que se efectan.
  1. Esa produccin nunca debe confundirse con objeto o forma alguna: es un operador que se introduce con eficacia en algn sistema dado, desestabilizando la ecuacin de equilibrio que lo gobierna. Pero tampoco conviene hacer mitologa al respecto. El modo en que esta desestabilizacin opera es algo muy parecido a la introduccin de un mero clinamen, algo tan elemental y frecuente como lo que posibilita que dos gotas de lluvia cayendo a la vez desde la misma nube y hacia la misma tierra tengan la capacidad de, en algn punto de sus trayectorias relativas, chocar conocerse, digamos.
  1. Describir a las actuales como sociedades del conocimiento -o todava peor, como sociedades del capitalismo cultural- parece olvidar hasta qu punto su constitucin se realiza, precisamente, sobre la consagracin exaltada de la estulticia, de la ignorancia. Asumamos no obstante que cualesquiera de esas figuras no son ms que un grado de las otras -quizs su grado cero. Y admitamos en consecuencia denominar a las nuestras sociedades del conocimiento o del capitalismo cultural -pero siempre bajo la observancia rigurosa de esa clusula cuantitativa, gradualizada, y precisamente hacia lo ms bajo. Queremos decir: siempre que pueda entenderse que como tales sociedades del conocimiento las contemporneas podran de hecho caracterizarse, con el mayor de los aciertos, como sociedades del (escassimo) conocimiento o incluso como sociedades del capitalismo (in)cultural.
  1. El trabajo del arte ya no ms tiene que ver con la representacin. Alguien pensara que el del sueo -ese que induce un contenido aparente en quien revive el latente, o lo cuenta por la maana- tiene que ver con la re-presentacin? De qu?

Negativo: el trabajo del sueo expresa una economa de las fuerzas, una tensin de las energas, una disposicin de la distribucin diferencial: es una meloda del deseo, nunca su pintura; es presencia, nunca re-presentacin. Ese modo del trabajo que llamamos artstico debe a partir de ahora consagrarse a un producir similar -en la esfera del acontecimiento, de la presencia: nunca ms en la de la representacin. No queda nada digno que representar, no queda dignidad alguna reivindicable en la tarea del representar. Ya no es slo aquello de no cometer la indignidad de hablar por otro sino que ningn signo, efecto, objeto, figura, ninguna entidad o existente, puede pretender dignidad alguna si su trabajo es nica o principalemente valer por otro, representarle

  1. No existen este mundo y el otro. El arte no puede seguir reivindicando habitar una esfera autnoma, un dominio separado. Ni siquiera para argumentar la operacin superadora de su estatuto escindido. La clase de los objetos es nica, todos ellos gozan del mismo calibrado y adolecen de la misma carencia objetiva de fantasmalidad. Si el trabajo del arte tiene todava que ver con el fantasma, con la circulacin de las ideas (en su inconcrecin caracterstica) y la productividad del sentido o las energas deseantes (en su difusin magnificente), empieza a ser hora de no confundir ese halo con nada apegado a la materialidad de algn orden de objetos especficos.
  1. Las transformaciones de las sociedades actuales determinan la completa inadecuacin del rgimen actualmente hegemnico de circulacin pblica de la produccin artstica. Esto en lo que se refiere de modo particular a dos circunstancias: 1. el deslizamiento del significante visual hacia el territorio de la imagen movimiento -y la consiguiente obsolescencia creciente de los dispositivos espacializados de organizacin de la recepcin, de los modos de la expectacin; y 2. la misma espureidad de cualquier requerimiento de objetualizacin determinada.

No slo que mucha de la energa resultante de una prctica artstica cualquiera no requiere culminarse o concretarse en objeto nico alguno. Sino, y ni siquiera ya, en objeto multiplicado alguno.

Para las nuevas prcticas no es ya que carezca por completo de sentido hablar de original -ni siquiera lo tiene hablar de las copias (como no lo tiene hablar de copias cumplido el trnsito del disco hacia el MP3). El tiempo en que el rgimen de circulacin pblica de los productos resultantes de las prcticas artsticas se refera a algn tipo de objetos est, por completo, cumplido y acabado.

  1. En las sociedades del siglo 21, el arte no se expondr. Se difundir.
  1. Slo en tanto el modo caracterstico de la experiencia artstica es en las sociedades modernas asociado a una experiencia de objeto, la cuestin de la propiedad de dicho objeto se torna pertinente (cuando hablamos de artes plsticas). No lo es ya, por ejemplo, si hablramos de la experiencia de lo musical, lo teatral, lo literario o lo cinematogrfico no es relevante en ellas quin sea el propietario de una partitura o quin de un guin. Este hecho condiciona de modo decisivo dos articulaciones principales en relacin a la forma social de la experiencia artstica moderna: primera, el modo de su mercado, la organizacin de su economa particular (enfocada a la circulacin de objetos suplementados por una plusvala muy especficamente asociada al valor artstico: la obra de arte como mercanca); y segunda, el modo de su patrimonializacin (asociada necesaria y consecuentemente a modos del coleccionismo).
  1. Cuanto ms las nuevas prcticas artsticas se alejen en sus objetivos de la produccin de objeto, tanto menos pertinentes se apareceran tales articulaciones tradicionales de su mercado y su coleccionismo. Los intentos adaptativos de los viejos formatos de economa artstica fundados en el intercambio de mercancas de valor artstico y en su coleccionismo, privado o pblico- resultan crecientemente inadecuados para las nuevas prcticas, que reclaman ser resituadas en el entorno de una economa terciarizada y con un sector de servicios expandido (hasta abarcar la produccin inmaterial, simblica).
  1. En las sociedades del siglo 21 el artista no percibir sus ingresos de la plusvala que se asocie a la mercantizacin de los objetos producto de su trabajo, sino que percibir unos derechos asociados a la circulacin pblica de las cantidades de concepto y afecto que su trabajo inmaterial genere (ser un generador de riqueza inmaterial, no el primer eslabn en una cadena de comercio de mercancas suntuarias). La nueva economa del arte no entender ms al artista como productor de mercancas especficas destinadas a los circuitos del lujo en las economas de la opulencia, sino como un generador de contenidos especficos destinados a su difusin social.
  1. La funcin de la institucin-Arte como coleccionista, y en fucin de ella garante de patrimonializacin pblica de la mercanca artstica, tender entonces a desaparecer, tan pronto como las prcticas artsticas abandonen la produccin de objetos como instancias de mediacin irrevocablemente necesarias para la circulacin pblica de las ideas y los afectos. En las sociedades del siglo 21 no ser ni necesario -ni casi posible- coleccionar obras de arte (como es ya casi espurio coleccionar cine o msica) y la funcin de las instituciones pblicas respecto a las nuevas prcticas, con vistas a garantizar su inscripcin en lo pblico, ser ms bien la de promover u optimizar en entornos protegidos la circulacin social de aquellos contenidos que el libre mercado de las industrias culturales desestimara en su regulacin interesada por la ley de la audiencia.
  1. Nos interesa investigar la inadecuacin creciente de los antiguos dispositivos espacializados de articulacin de la recepcin social de las prcticas artsticas (museos, galeras de arte ). Pero no porque sea nuestro inters mantenernos instalados en la lgica antittica entre arte e institucin-Arte; esa lgica nos resulta manida hasta el hasto y vaciada de cualquier potencial efectivo: quienes insisten en definirse con respecto a ella caen de inmediato en el polo de lo exhaustivamente institucionalizado, pues ste justamente se escribe bajo la figura de esta lgica. No entonces por tal razn sino ms bien porque en la exacerbacin de ese momento de inadecuacin creciente, tanto las prcticas artsticas como la institucin que regula su inscripcin social se ven obligadas a evolucionar.
  1. Toca evolucionar, s. Basta de darle cuerda a la fabulacin negativista que no hace ms que anclar la forma de las prcticas en un pasado bloqueado, autocomplacido en la irresolubilidad paradojal de su lgica antittica. Nada que tenga la forma de la negacin calculada de s misma hace otra cosa que preparar indisimuladamente la coartada del compromiso cumplido anticipando el momento de su absorcin integrada.
  1. La que describiramos como lgica antittica de la institucin-Arte (es decir: la caracterstica de la formacin del espritu objetivo que heredamos como pasado constituyente, la herencia de lo moderno) tiene esta forma: que para ser arte debe precisamente negar serlo, que para entrar en la institucin-Arte debe precisamente aparentar (y adoptar el tono ms convincente posible al respecto) que la pone en cuestin, que la rebasa, que la excede, que la desborda.
  1. La que describiramos como trasnochada lgica antittica de la obra tiene una estructura similar, la de un si es no es. Si no se le reconoca arte reclamar venir a serlo (lgica del readymade, de los otros comportamientos, de las actividades otras). Si se le reconoce serlo, deber entonces serle negado algn valor en esa condicin (lgica del pronunciamiento antiartstico).
  1. El tiempo de esta lgica generacional -pues muy pronto deja de ser una mera lgica de la falsa conciencia para resolverse en una economa de la evolucin presidida por la gobernacin de un principio adaptativo, tipo seleccin natural- ese tiempo toca a su fin. El que quiera presentarse a s mismo como otra cosa que coro repetidor de un academicismo prefijado, que se invente un estribillo menos complaciente que el de la expresin antittica. Fin de juego para la herencia Duchamp.
  1. El trabajo que realiza el productor artstico se sita en la rbita de cualquier otra actividad, de la actividad cualsea. Es, como todo el resto del trabajo que realizan cualesquiera otros ciudadanos, una mera actividad productiva y su espacio de inscripcin no es otro que el dominio pblico, el espacio social, definido por los actos de intercambio. Nos guste o no, en las sociedades actuales este espacio se encuentra exhaustivamente prefigurado por la actividad econmico-productiva, bajo cuya administracin se decide la forma reglada de todo intercambio social.
  1. El arte ha dejado de pertenecer al orden de una economa simblica presidida por las figuras antropolgicas del derroche, de la sobreproduccin. El artista contemporneo no puede aceptar seguir oficiando de chamn de la tribu, de liberado en las nuevas formas del potlach contemporneo. En las nuevas economas de la falsa opulencia sostenida el artista no puede aceptar que su prctica se inscriba de ninguna manera en los registros de forma actualizada alguna del lujo.
  1. La transformacin de las nuevas sociedades sita en primer plano el trabajo inmaterial, la produccin de sentido y afectividad, el trabajo intelectual y pasional. El desafo ms importante que las prcticas artsticas contemporneas enfrentan apunta a redefinir su papel antropolgico en relacin a este gran desplazamiento.
  1. La vieja circunscripcin de la idea del trabajo a la economa productiva y la produccin de objeto est quedando patentemente obsoleta, y no slo por el desproporcionado mayor peso que la economa financiera y de la pura circulacin de capitales est adquiriendo en las nuevas sociedades, sino tambin por el hecho de que la produccin inmaterial y la circulacin del sentido, de la informacin, se estn convirtiendo en las modalidades de intercambio mas importantes en las sociedades emergentes.
  1. Quizs lo ms caracterstico de las nuevas sociedades es en efecto su transformacin estructural en cuanto a las relaciones de produccin, su terciarizacin. En las sociedades del postfordismo, la parte ms importante del trabajo que se realiza ya no tiene por objeto la produccin de bienes materiales, sino que se orienta a la produccin intelectual y afectiva, a alimentar nuestras necesidades de sentido y deseo, de significado y placer. Al mismo tiempo, tambin el consumo de bienes inmateriales, cuya circulacin est regulada por las industrias culturales definitivamente fundidas con las del ocio y la comunicacin, est tendiendo a convertirse tambin en el modo principal del consumo.

La consecuencia es que la centralidad antes ocupada en cuanto a la generacin de riqueza por la posesin del capital bascula ahora hacia la posesin de la propiedad intelectual, objeto principal de la nueva reordenacin del sistema capitalista. Las prcticas artsticas deben encontrar su lugar en relacin a todos estos procesos de transformacin.

  1. La propiedad intelectual y el derecho de autor, como tales, se van a convertir en el caballo de batalla principal de este recentramiento contemporneo de las relaciones de produccin. Las figuras del plagiarismo utpico o la sindicacin de la autora cuya mejor eficacia se ha ejemplarizado hoy en el terreno del software libre- suponen al respecto puntas de lanza de una gran estrategia por desplegar que dirija su poltica a la generacin de los dispositivos y agenciamientos que permitan la libre circulacin y el acceso universal a a la informacin, modificando definitivamente al respecto la relacin entre productores y utilizadores.

Se impone superar el esquema verticalizado emisores receptores para establecer una economa radial y desjerarquizada de usuarios, un rizoma de utilizadores actualizando la frmula utpica de la comunidad de productores de medios.

  1. Es preciso encontrar frmulas que simultneamente respeten el derecho de autor y el derecho colectivo de acceso pbico libre y abierto a la totalidad de los saberes y las prcticas de produccin simblica, revisando de forma profunda el concepto de propiedad intelectual. El que manejamos viene heredado de un tiempo en que las nociones de identidad, autora y propiedad se asentaban en presupuestos juridico-bio-religiosos, y no, como ahora deben replantearse, en funcin de consideraciones de orden bio-tecno-poltico.
  1. El recentramiento que trae el trabajo inmaterial al centro operacional mismo de las nuevas economas supone una gran transformacin: todo el espectro de una produccin que antes era considerada superestructural ha pasado a convertirse en la parte nuclear del comercio antropolgico contemporneo.
  1. Si las nuevas sociedades pueden hoy ser definidas como sociedades del trabajo inmaterial, sociedades del conocimiento, hay que reconocer entonces que a las prcticas de produccin simblica -a las actividades orientadas a la produccin, transmisin y circulacin en el dominio pblico de los afectos y los conceptos (los deseos y los significados, los pensamientos y las pasiones)- les incumbe en ellas un papel protagonista, absoluta y seriamente prioritario. El artista como productor ya no opera en ellas como una figura simblico-totmica, sino como un genuino participante en los intercambios sociales de produccin intelectual y produccin deseante.
  1. Primera responsabilidad: la aqduirida en cuanto a la produccin de formas de socializacin e individuacin. Los viejos mecanismos de la reproduccin social -la familia, la educacin, la religin, la patria, todos los antiguos dispositivos articuladores de relatos de reconomimiento, las maquinarias abstractas productoras de elementos de identificacin a travs de la adhesin tcita a un sistema complejo de creencias implcitas o explicitadas- han dejado de funcionar como tales, y el encargo de proporcionarle al sujeto en su proceso de construccin herramientas de reconocimiento o identificacin ha sido cedido, o desplazado, hacia agencias mucho ms lbiles y flexibles, en las que el peso del imaginario visual circulante capaz de devenir-colectivo es decisivo.

El poder de la imagen, de la cultura visual al respecto es casi absoluto y los productores de esa cultura visual haran bien en conocer y asumir la desmesurada importancia que ella ha adquirido, y en consecuencia, su creciente responsabilidad (una responsabilidad para la que, todo debe ser dicho, no siempre se encuentran suficientemente preparados).

  1. Por tres vas diferentes las nuevas prcticas artsticas estn asumiendo esa responsabilidad. En primer lugar, por la va de la narracin. La utilizacin de la imagen-tcnica y la imagen-movimiento, en su capacidad para expandirse en un tiempo-interno de relato, multiplica las posibilidades de la generacin de narrativas. En segundo lugar, por la va de la generacin de acontecimientos, eventos, por la produccin de situaciones. Mas all de la idea de performance y por supuesto mucho ms all de la de instalacin- el artista actual trabaja en la generacin de contextos de encuentro directo, en la produccin especfica de micro-situaciones de socializacin. La tercera va es una variante de sta segunda: cuando esa produccin de espacios conversacionales, de socializacin de la experiencia, no se produce en el espacio fsico, sino en el virtual, mediante la generacin de una mediacin.

El artista como productor es a) un generador de narrativas de reconocimiento mutuo; b) un inductor de situaciones intensificadas de encuentro y socializacin de experiencia; y c) un productor de mediaciones para su intercambio en la esfera pblica.

  1. El artista como productor interviene, cada vez ms, en el tiempo real del dominio de la experiencia, no en el del tiempo diferido de la representacin. Esto se hace tanto ms indiscutible cuanto ms entendamos el tiempo real en trminos de tiempo de sincronizacin de la experiencia, tiempo compartido y de encuentro entre los sujetos de conocimiento y pasin. Cada vez ms, el artista es un productor de directo ...
  1. Segunda gran responsabilidad del productor artstico en las sociedades actuales: la que le concierne en relacin al proceso de estetizacin difusa del mundo contemporneo sin el que el nuevo capitalismo no sera pensable. Si el efecto del capitalismo industrial sobre el sistema de los objetos (y por ende sobre el sistema de necesidades, y el de las relaciones) fue su transformacin generalizada a la forma de la mercanca, podra decirse que el efecto ms caracterstico del capitalismo postindustrial es la estetizacin generalizada de tal mercanca, la transformacin de sta (y por ende del sistema de necesidades, y el de las relaciones, sometido por tanto a una segunda metamorfosis) a su forma estetizada. Lo que preside en efecto la circulacin social actual de objetos, bienes y relaciones, no es ya el valor de uso que podamos asociarles ni an el valor de cambio: sino, y por encima de todo, su valor esttico, la promesa que contiene de una vida ms intensa, ms interiormente rica.
  1. La religin de nuestro tiempo se llama: justificacin esttica de la existencia cumplida bajo una forma evidentemente abaratada, trivial si se compara con su diseo en el programa romntico o su aquilatamiento en Nietzsche. Su efecto supone la realizacin de nuestro tiempo como tiempo del nihilismo culminado pero de nuevo a precio de saldo, como de segunda mano.
  1. Los mecanismos sociales de reconocimiento y diferenciacin, de socializacin y subjetivacin, de pertenencia a un grupo social y distincin dentro de l, se hacen reposar por encima de todo en el valor estetizado, y es la carga de ste que el nuevo capitalismo aade a objetos y relaciones, materiales o inmateriales, la que determina su nuevo valor social. Tanto ms en un mundo globalizado, en el que la circulacin de bienes, formas y mercancias trasciende cualquier frontera y entorno geo-bio-poltico de identificacin especfico: en este mundo globalizado de seas de identidad extraviadas, las necesidades de implementar esos mecanismos de produccin de identidad y diferenciacin crecen exponencialmente.
  1. El trabajo que al respecto concierne a las prcticas artsticas tiene entonces que ver con la produccin de imaginario en las sociedades del trabajo inmaterial. A nivel genrico, ideolgico, ste se aboca a 1.la implementacin de imaginarios alternativos a los dominantes en el proceso de globalizacin y 2.la aproximacin crtica a los mecanismos y modos de produccin de representacin propios de las industrias culturales y del entretenimiento.
  1. Lo que est en juego en las nuevas sociedades del capitalismo avanzado es el proceso mediante el que se va a decidir cules son y cules van a ser los mecanismos y aparatos de subjetivacin y socializacin que se van a constituir en hegemnicos, cules los dispositivos y maquinarias abstractas y molares mediante las que se va a articular la inscripcin social de los sujetos, los agenciamientos efectivos mediante los que nos aventuraremos de ahora en adelante al proceso de devenir ciudadanos, miembros de un cuerpo social.

Es preciso intervenir en ese dinmica, reconociendo la dimensin altamente poltica que comporta.

  1. Resistir al efecto de desintensificacin, empobrecimiento cualitativo y expropiacin de lo autntico de la experiencia que caracetiza a su gestin por las industrias del espectculo puede ser el leit motiv de una nueva poltica. Una nueva poltica que frente al desorbitado potencial que poseen las industrias contemporneas del imaginario pueda ser capaz de agenciar lneas de resistencia y modos de produccin alternativa de los procesos de socializacin y subjetivacin.

Acaso en esa tarea -la de esa nueva poltica definida en la era del trabajo inmaterial- las prcticas artsticas lograrn encontrar, en un proceso de transformacin de las sociedades actuales que tiende a convertirlas en meros instrumentos de legitimacin -cuando no en triviales generadoras de bibelots de lujo para las nuevas economas inmateriales- sus mejores argumentos de futuro, su ms alto desafo -o cuando menos una buena razn de ser en el siglo que ya comienza